Oda al amor

Mis inviernos calcinados por sus veranos,
mil primaveras entre sus labios,
suspiros secos, sanando párrafos.
El luto por la alegría pasó desapercibido al rozar sus labios,
sus manos mi templo, su mirada un dulce consuelo.
¿Qué sería de este corazón sin percibir un cálido abrazo en este mes de Enero?
Un infierno, donde cada verso se convertiría en veneno,
donde todo el año sería invierno.
 Ni imaginarlo quiero, sería un tormento amanecer sin rozar su cuerpo.
 Que porque este cuento sea eterno, grito a los cuatro vientos mil y un te quieros.

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